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Hay cosas que es mejor verbalizar para entenderles, como un discurso, un proyecto, una idea que puede cambiar el mundo. Sin embargo, con los sentimientos y las emociones ocurre todo lo contrario. Parece casi imposible explicar lo que estamos sintiendo de una manera eficaz, que siquiera se acerque a transmitir realmente eso que nos pasa por dentro. Por el contrario, en muchas ocasiones es mejor demostrarlo con gestos, con acciones. De ahí que teorizar sobre el amor sea mucho más ineficaz y aburrido que hacer el amor directamente.

Todo el mundo habla de sexo, y cada vez más, porque los tabúes están empezando a resquebrajarse, por fortuna. Sin embargo, hablamos de sexo con nuestros amigos, pero pocas veces con nuestra pareja, precisamente la persona con la que lo tenemos. ¿Por qué ocurre esto? Es cierto que muchos albergan el temor de que al hablar de sexo, la otra persona detecte ciertas inseguridades. Sin embargo, no basta solo con lanzarnos a disfrutar cuando tengamos ganas de demostrar la pasión. Hablar de sexo en la pareja es igualmente importante, porque abre la puerta a nuevas experiencias.

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Los principios de las relaciones siempre son idílicos. Todo va bien, apenas hay discusiones, y tenemos a la pareja tan idealizada que es difícil que algo falle en esa idílica relación. Sin embargo, seguro que a la mayoría nos ha pasado que, en un momento dado, nos damos cuenta de que aquel sexo pasional y salvaje del comienzo ha ido decayendo con el tiempo, hasta llegar a periodos en los que perdemos completamente el interés.

¿Por qué sucede esto? Te preguntarás a menudo. Puede haber miles de razones para que esto suceda, pero si lo tratamos a grandes rasgos vemos como un factor fundamental la aparición de la monotonía. Es en ese momento en que cada día parece igual que el anterior, en el que nos sentimos dentro de El día de la marmota, cuando empieza el problema. Y es que es normal que si realizamos siempre lo mismo, al final nos cansamos. Es de cajón.

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pareja monogamia

Nos enfrentamos a una de las grandes preguntas acerca del ser humano, esa que como un ciclo que se repite solemos hacernos cada cierto tiempo. Quizá por pura curiosidad, quizá cuando sentimos que la tentación llama a la puerta y la culpabilidad empieza a hacer acto de presencia. Lo cierto es que ni siquiera la ciencia ha logrado ofrecer una respuesta contundente a esta pregunta, y el debate continúa hoy presente en nuestras sociedad.

Lo que sí esta claro es que, fuese como fuese, la forma establecida de relación humana en la mayoría de poblaciones del mundo es la monogamia. ¿Deberíamos entender entonces que el ser humano es monógamos por naturaleza? No podemos asegurarlo con certeza solo por este hecho, pues hay otros que también lo indican hacia otro sentido.

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